Cuando era niña, mi padre compraba el periódico todos los días. Mientras él leía las noticias de cada mañana, yo observaba las fotografías que las acompañaban. Eran imágenes de guerras, conflictos, crisis económicas y tragedias que parecían ocupar siempre las primeras páginas.
Recuerdo que, incluso entonces, me preguntaba por qué había tan pocas imágenes que mostraran esperanza, encuentro, creatividad o alegría. Sin saberlo, comenzó a nacer en mí el deseo de contar otro tipo de historias. Historias que hablaran de las personas desde sus capacidades, sus sueños y sus posibilidades.
Con los años, y después de haber hojeado miles de páginas y conocido muchas realidades, comprendí que la fotografía podía ser mucho más que una herramienta para documentar acontecimientos. Podía convertirse en una forma de narrar aquello que a menudo pasa desapercibido: los esfuerzos silenciosos, los proyectos que transforman comunidades, los encuentros entre culturas y las personas que trabajan cada día para construir algo mejor.
Mi trayectoria profesional en la comunicación social, la educación intercultural y la fotografía me ha llevado precisamente hacia ese propósito. He trabajado con proyectos educativos, iniciativas culturales, emprendedores, artistas, instituciones y personas comprometidas con generar cambios positivos en su entorno. En cada uno de ellos he encontrado historias que merecen ser contadas.
Por eso mi interés se dirige especialmente hacia los emprendedores, los proyectos con impacto social y las experiencias interculturales. Detrás de cada iniciativa hay personas que se atreven a imaginar soluciones, tender puentes, crear oportunidades y aportar valor a la sociedad. Son historias que nos recuerdan que también existen buenas noticias.
A través de Fotogenia9 he encontrado una manera de unir todas las dimensiones de mi recorrido profesional: la comunicación, la educación, la interculturalidad y la fotografía. Mi trabajo consiste en descubrir y visibilizar aquello que merece ser visto; en crear imágenes que no solo documenten una realidad, sino que también transmitan significado, humanidad y conexión.
Esta es mi vocación. Contar buenas historias. Mostrar lo mejor que las personas tienen para ofrecer. Construir, a través de la fotografía, una mirada más humana, más cercana y más abierta hacia los demás.
Porque sigo creyendo lo mismo que aquella niña que observaba las fotografías del periódico: el mundo también necesita imágenes que nos recuerden todo lo bueno que existe en él.

